dimarts, 20 d’agost de 2013

LOS PUEBLOS MÁS BONITOS DE ESPAÑA: CALELLA DE PALAFRUGELL

Que conste que lo intento, pero no hay nada que hacer... Cuando llevo mucho tiempo sin escuchar el sonido de las olas del mar, me entra esa “morriña” tan gallega o esa “saudade”, tan portuguesa. Esa añoranza me transporta siempre a una de las comarcas más bonitas de nuestro país, el Empordà gerundense.


El Empordà, para mi, representa el ideal de la tierra catalana: paisaje mediterráneo de mar y montaña, poso de culturas clásicas maceradas al sol, pueblos con especial encanto y un litoral con personalidad única de renombre internacional, la Costa Brava.


Hoy estoy para presentar, probar, disfrutar y admirar un trocito de esa Costa Brava hermosa.
La tramontana, fuerte viento del norte que sopla con fuerza por estos lares, perfila rocas y mueve montañas y también estira los árboles para moldearlos. Añoro también la tramontana.
Si tengo que hablaros de los pueblos de esta zona costera os diré que tienen una constante: barcas de colores dormitando sobre la arena esperando la hora de la pesca, redes tendidas al sol, olor a mar y a pescado frito, a marisco y a ‘fideuá’, la típica paella hecha con fideos en lugar de arroz, playas de gruesa arena y aguas bravas que salpican al chocar con los acantilados poblados de pinos casi rozando las olas.


Mis pensamientos se dirigen a Palafrugell porque es la puerta por donde se entra a una costa que no tiene desperdicio.
Familiar, glamuroso, joven, maduro, noctámbulo, activo, jubilado, perezoso … Da igual cómo sea el viajero. Este lugar tiene una propuesta para cada uno de ellos.
Todas las pequeñísimas calas están cerradas por peñascos y guardan pueblos con un encanto especial: Begur, Llafranc, Tamariu, Calella de Palafrugell...


Todos, una vez, fueron sólo de pescadores y, todos, valientes, lograron escapar indemnes del turismo masivo.
Las barracas de pescadores fueron las primeras edificaciones de Calella, un núcleo que se empezó a habitar a finales del siglo XVIII, cuando los piratas dejaron de ser una amenaza. Los primeros en encontrar un lugar ideal para el veraneo fueron los burgueses de Palafrugell, a partir de los años cincuenta del siglo pasado. Luego los viajeros comenzaron a venir de todas partes.


A mi edad ya no añoro aquellas mañanas de baño y de tueste al sol que tanto me gustaban. Ahora me viene a la mente la imagen del atardecer en Calella de Palafrugell porque siempre nos regala una panorámica preciosa de la localidad. Esa visión está acompañada de un ambiente alegre, desenfadado y tranquilo que resulta siempre muy agradable.


Luego, cuando ya ha anochecido, las barcas descansan en PORT-BO y las luces se iluminan para marcarnos las “Voltes”, una calle con arcadas, frente al mar, que enamora a todo el que la contempla.
Al día siguiente, cuando vuelva a salir el sol, recorreremos las callejuelas blancas, escucharemos música típica del lugar, visitaremos los comercios salpicados de artesanía y veremos cómo la gente disfruta y se entretiene.
Luego llegará la hora del baño y la mayoría se sumergirá en esas aguas claras, con fondos habitados por piedras de mil formas y peces a tropel. Y el sol nos caldeará en la arena salvaje, gruesa, que quizá sea la responsable de la transparencia de sus aguas.


Como la mayoría de los pueblos de nuestra geografía, Calella tiene un día grande: el primer sábado del mes de julio que se celebra la Cantada de Habaneras, en Port-Bo.
Ese día, sobre las barcas, se reúne una multitud de personas para disfrutar de esta tradición cuyo origen se remonta al regreso de muchísimos catalanes que, durante el siglo XIX, emigraron a Cuba.
En el repertorio no falta el considerado, ya casi, himno marinero: “La Bella Lola” o “El meu avi”, en el que el público levanta sus pañuelos y los ondea a ritmo vacilante.


Visitad Calella y disfrutad como nunca del aire marinero, de las vistas espectaculares en la playa del Port-Bo. Después fotografiad los botes tradicionales y escuchad el sonido de las rocas bailando con el mar.
En ese lugar seréis felices observando, leyendo un buen libro, haciendo fotografías, reflexionando, comiendo, relajándoos o disfrutando de un buen baño en la playa de Canadell.




3 comentaris:

moli ha dit...

Casi me ha parecido oír “La Bella Lola” interpretada por la rondalla. Cuantos pueblos bonitos y con encanto tenemos para visitar…

Anònim ha dit...

Ya soy feliz leyendote. Una manera como otra cualquiera de disfrutar de la vida.
Miguel.

Martina ha dit...

Me ha encantado el artículo, yo también soy una enamorada de Calella de Palafrugell. Me han gustando mucho las fotos, con esas nubes y la atmósfera cargada de agua. Hace tiempo estuvimos mirando un apartamento allí, pero con los tiempos que corren.. de vez en cuando nos escapamos al Hotel Garbí, un hotel con encanto en la Costa Brava, rodeado de un pinar, con unas vistas estupendas. Esperamos volver a finales de octubre, estando tan cerquita de Barcelona es un lujo!