dissabte, 19 d’octubre de 2013

RUTAS POR NAVARRA: SIGUIENDO EL ARGA HASTA PAMPLONA



Los peregrinos que salen de Roncesvalles para iniciar su Camino de Santiago saben mucho de sendas cubiertas por la penumbra de techos de hojas. También saben que de vez en cuando se asoma algún prado alpino; todo ello se vive caminando por esos lugares.


Nosotros comenzamos nuestra ruta en Zubiri.
Esta localidad es famosa por el Puente de la Rabia sobre el río Arga. La leyenda dice que los vecinos llevaban a sus animales a dar tres vueltas al pilón central de su arcada para sanarlos de cualquier mal.


Pensamientos en mi libreta viajera:

"....Las aguas límpias del río Arga circulan plácidamente... "
... Ega, Arga y Aragón hacen al Ebro varón"- decíamos en la escuela...”
... Ramitas de boj bajan de vez en cuando, ¿llegarán hasta nuestro Mediterráneo tan querido?..."

Esta caminata por las tierras altas del Reino de Navarra nos deleitará con los bosques más bucólicos que podemos encontrar: hayas, abedules, robles, tejos, acebos y pinos centenarios.


Y será el río Arga nuestro compañero fiel que no nos abandonará hasta la gran urbe, la ciudad de Pamplona, final de nuestra ruta.


El encanto de Pamplona reside en sus parques , en sus calles adoquinadas, en sus monumentos nostálgicos, en las fachadas del casco antiguo y en sus rincones rancios y solitarios.
La ciudad se siente paseando sin rumbo y sin prisas.


La Catedral de Santa María es un lugar peculiar. Levantada en estilo gótico entre los siglos XIV y XVI, tiene uno de los claustros más estilosos que hemos visto. Se sabe que en esta catedral trabajó uno de los más célebres canteros del románico, el maestro Esteban, quien también intervino en la construcción de la catedral de Santiago.


Nuestro camino nos lleva hacia el corazón del casco histórico – calle de la Curia, plaza de San José, calle de los Mercaderes, donde se cierra la curva más peligrosa del recorrido del Encierro en los Sanfermines, hasta topar con la plaza del Ayuntamiento, presidida por la altiva y dieciochesca fachada de la casa consistorial.


Hay que avanzar despacio por la calle Mayor, disfrutar de los escudos heráldicos de las fachadas, de los escaparates de las coquetas tiendas con solera, de los balcones llenos de geranios...


Además el casco antiguo cuenta con muchos edificios históricos que relatan la historia de la ciudad : iglesia de San Saturnino, el Palacio del Condestable, la iglesia de san Lorenzo, la de san Nicolás, la Biblioteca General y el Museo de Navarra.


Pero uno de los recorridos más especiales es el que atraviesa el Paseo de Sarasate, un amplio bulevar con árboles de hoja caduca. Allí se encuentra el Monumento a los Fueros, la Diputación y el Parlamento.
Muy cerca se ubica la Plaza del Castillo a la que los pamplonicas llaman cariñosamente "el cuarto de estar" de Pamplona. Allí está la ruta de bares que Hemingway hizo famosos en su libro "Fiesta".


Tomarse un café en el Iruña (donde Hemingway tiene su rincón) puede ser un encuentro con el siglo XIX que es lo que se percibe nada más traspasar el umbral.
De allí arranca el otro gran paseo de la ciudad, la Avenida de Carlos III, donde se encuentra el Monumento al Encierro, uno de los más fotografiados, que lo forman veinte figuras de bronce donde se palpa el pulso entre el animal y el hombre.


Y quienes quieran dirigir sus pasos a la Ciudadela, el fuerte con forma de estrella construido por Felipe II, podrán disfrutar de un parque con sabor histórico.
Nos despedimos de este lugar entrañable con una frase que reza en el Ayuntamiento de Pamplona:
" La puerta está abierta para todos, pero mucho más el corazón"