dimecres, 6 de maig de 2015

NOS VAMOS A LA SIERRA : DESDE ARACENA HASTA AROCHE

En la sierra de Aroche,
sierra de flores,
donde cantan los mozos coplas de amores,
coplas de amores, niña, coplas de amores,
en la tierra de Aroche sierra de flores


Esta “jotica de Aroche” era uno de los motivos que nos mantenía viva la ilusión de visitar algún día esos lugares tan hermosos de la sierra de Huelva. Luego pensamos en otros dos objetivos materiales: comprar unas sillas rocieras para mi cuarto de costura y traernos una “guitarra” especial, un suculento jamón serrano que compartiríamos en la mesa con la familia.


Mi libreta viajera llevaba tantas indicaciones, informaciones y recomendaciones que era imposible no encontrar lo que más nos interesaba. No miré guías turísticas, la asesoría venía de la mano de Aurora, de Rubén, de Amalia y de Antonio, nuestros queridos amigos onubenses.


Calculamos que la escapada podía hacerse en una jornada, parando solamente en los lugares más interesantes del recorrido; no disponíamos de más días.


Desde Huelva tomamos la N-435 que atraviesa la sierra de sur a norte en su camino hacia Extremadura. Luego la N-433 que recorre la zona en sentido este-oeste pasando por las poblaciones más interesantes. Cogimos también algunos desvíos para visitar otros pequeños lugares importantes.



El paisaje es de media montaña , con altitudes que rondarán los 1.000 metros, donde los vientos cálidos y húmedos del Atlántico chocan provocando lluvias a menudo.


Encinas, alcornoques, rebollos, componen un bosque autóctono original que junto a castaños centenarios en diferentes puntos facilitan el aprovechamiento de productos singulares, la búsqueda de setas en temporada y la extracción de corcho de los alcornoques.
Y luego están las dehesas donde se cría el cerdo ibérico, cuyos productos derivados son tesoros del lugar.


Antes de llegar a la capital de la sierra, Aracena, tomamos la carretera HU-8105, camino de Linares de la Sierra, un rincón encantador que sólo llegar, nos invitó a disfrutar de un corto paseo por sus calles.


Proseguimos camino hasta Alájar. Es un pueblo muy pequeño y de gran belleza porque la orografía de sus calles hace que te embargue el sentimiento rural. Siguiendo la calle de entrada al pueblo os encontraréis con la Plaza de España donde está el Ayuntamiento pero lo que más os llamará la atención será la fachada de una casa cuyo balcón está lleno de flores.


Llegamos a Aracena aparcando justo en la calle empinada que sube hasta la entrada de la famosa Gruta de las Maravillas. (“La Gruta es un lugar que se debe visitar”- había aconsejado Amalia y Antonio)


En esta gruta, como en otras tantas, es impresionante ver como el agua ha creado un mundo tan bello bajo tierra. Con un recorrido de 2.130 metros, dicen que es la más extensa de la Península, tiene doce salones y seis lagos. Me fijé que la mayoría del grupo visitante éramos personas muy maduras y nos costaba subir y bajar escalones tan altos, (478 en total)





En Aracena merece la pena recorrer sus calles, aunque las cuestas lo ponen difícil. Hay muchas iglesias, conventos, fuentes, lavaderos, plaza de toros y un castillo. Nuestra furgoneta nos llevó hasta las ruinas del Castillo y a la Iglesia Prioral del Mayor Dolor.



 Desde arriba la vista panorámica de la sierra es fantástica, fantástica.


Después de este agradable paseo llegó la hora de sentir el aroma y el sabor del jamón de pata negra de Jabugo acompañado de un vino fino del Condado.


Paramos en Galaroza y compré las sillas que tanta ilusión me hacían; y luego el jamón de bellota en Cortegana, el pueblo de nuestro amigo Rubén.


Lo primero que se ve al llegar a Cortegana es su Castillo, una fortificación del siglo XI muy bien restaurada. Desde sus muros contemplas dos áreas del pueblo de diferente color: un conjunto de tejados antiguos alrededor de la Iglesia, y otra de relucientes tejados de los núcleos más industriales.


De nuevo calles empedradas, casas encaladas que deslumbran cuando les da la luz del sol y lugareños amables dispuestos a mantener un rato de charla.
Simplemente, hay que callejear dejándose llevar.


Al caer la tarde hicimos la entrada triunfal en Aroche, la de la “jotica”, la de los “mozos que cantan coplas de amores”. Otra villa coronada por un castillo que fue escenario de luchas fronterizas.


En el bar de la Plaza un cartel anunciaba los festejos del Día de Andalucía. En la programación, después del Pasacalles de la Banda y el Concierto en la Plaza, a las 12.30 estaba programado el Baile de la Jotilla de Aroche.




Joseph muy dado a exteriorizar sus vivencias les explicó todo lo relacionado con la historia de esta canción que tantas veces ha sonado en tierras catalanas a tantos kilómetros de allí.



Nos regalaron el cartel y nos prepararon una cena improvisada para que pudiéramos tastar los gurumelos , setas primaverales que tanta fama dan a esta Sierra.


Nos faltaron horas para terminar de visitar los lugares hermosos de esta Sierra.




Mis relatos son muy personales. Podéis consultar muchas páginas turísticas con todo lujo de detalles. :