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dimarts, 17 de març del 2015

CORDOBESES ILUSTRES QUE ENCONTRÉ EN EL CAMINO


Esta ciudad andaluza fue cuna de tres filósofos que han influido enormemente en la cultura occidental. Córdoba dedica a su memoria sendas esculturas que los turistas encuentran en su camino



SÉNECA. Nació en el IV a C en la Corduba romana. Su familia se trasladó a Roma donde hizo carrera como profesor de Nerón. Este mismo emperador le acusó de conspirador y le condenó a suicidarse.
Sus obras filosóficas influyeron en todo Occidente.
La escultura de Séneca es de cuerpo entero, en pie, con un rollo en la mano. Se alza sobre un pedestal de sillares de piedra caliza. Nos la encontramos al salir del barrio judío, en la puerta de Almodóvar.



AVERROES. Este cordobés (1126-1198) ocupó el cargo de juez bajo el gobierno almohade hasta que fue desterrado por hereje. Sus libros de astronomía fueron estudiados toda la edad media.
En su escultura aparece sentado y sosteniendo un libro sobre su rodilla. Está en la avenida Doctor Fleming.



MAIMÓNIDES. Fue filósofo y matemático, pero también médico. O lo que es lo mismo: “compañero del dolor”, pues así veía su relación con los pacientes. Nacido en el año 1135 huyó a Egipto, donde llegó a convertirse en médico personal de Saladino I.
La escultura está en la plaza Tiberíades, y dicen que quien toca su babucha izquierda se hace más sabio.



JULIO  ROMERO DE  TORRES. Casi toda la obra pictórica de este famoso pintor cordobés habita en un hermoso edificio que fue antiguo Hospital de la Caridad.



Entras en el museo buscando la esencia de “la mujer morena, la de los ojos de misterio y el alma llena de pena” – como dice un pasodoble español.
Cruzas el vestíbulo de entrada y coges el folleto explicativo. Cuando ves su diseño sabes que gozarás de una agradable visita.



La mayoría temática de su producción artística son los retratos: Actrices, bailaoras y cantaoras llenaron sus lienzos. Julio Romero se transformó en cronista gráfico de su época. Y Córdoba, su ciudad, siempre en el fondo de sus cuadros.


Esa forma de pintar las mujeres dota a su obra de un estilo propio, personal e incalificable.




Cuando sales piensas que ya has descubierto esa esencia de la ciudad, una esencia envuelta en la piel canela y los ojos negros que alumbran a la mujer cordobesa. 
No puedo evitarlo, me gusta.

dijous, 12 de març del 2015

CÓRDOBA : (Ruta 2 ) DE LA PLAZA DEL POTRO A LA DE TENDILLAS.


Córdoba enamora nada más pisarla: sus calles, su gente, su luz, su historia, sus monumentos … y es imposible nombrar todos los rincones que un viajero no debe perderse.
Sólo teníamos un segundo día para completar esta fugaz escapada y hubo que aprovecharla al máximo.


La segunda ruta parte otra vez a orillas del Guadalquivir, en la Ronda Iasa, al lado del Puente Romano. Había que buscar cuatro plazas encadenadas entre si por calles y rincones urbanos con mucho ambiente.


Primera parada en la plaza del Potro. Este espacio tiene una ligera pendiente hacia el río.
A un lado la “Posada del Potro”, en el centro una fuente octogonal dedicada a San Rafael Arcángel y al otro lado el antiguo Hospital de la Caridad que había sido patrocinado por los Reyes Católicos. Actualmente alberga los Museos de Bellas Artes y el Julio Romero de Torres ( 8.30 a 20.45 h, lunes cerrados y entrada es gratuita)



La Posada del Potro hay que imaginársela en los tiempos que Cervantes, en su libro El Quijote, la recreó con todo tipo de detalles: habló de su aire recogido, soleado y rectangular; narró vivencias de truhanes, de pícaros y de caballeros venidos a menos. 



Aquellas figuras del Siglo de Oro desaparecieron hace mucho y la posada es hoy un centro cultural que conserva el acento popular en los balcones de madera, en las macetas con flores y en las estacas que servían para amarrar las caballerías.


Entré en el museo de Julio Romero de Torres buscando la esencia de “la mujer morena, la de los ojos de misterio y el alma llena de pena” – como dice un pasodoble español. 



Me gustó tanto que debo dedicarle en otro relato toda mi admiración a sus bellos retratos y sus carteles modernistas.



Seguimos por la calle San Francisco buscando la iglesia del mismo nombre para visitar su claustro; estaba cerrado. Cruzamos el Arco del Portillo hasta la plaza Jerónimo Paez donde está el Museo Arqueológico (8.30 a 19.30 h, lunes cerrado, 4,50 euros)


Muy cerca se levantan orgullosas once columnas del Templo Romano, únicos restos importantes que se conservan de la Córdoba del siglo I. Pienso en la idea de ciudad superpuesta, de suelo cansado por tantos restos de ciudades, unos encima de otros ( romanos, musulmanes, medievales, cristianos ...) Cerca está el Ayuntamiento.


El ambiente en estas calles es distendido y los comerciantes salen de sus tiendas y charlan al sol de esta primavera avanzada. Buscando un mercado llegamos a la plaza de la Corredera. Esta plaza popular y pintoresca tiene estructura de tipo castellano, única en Andalucía. Es rectangular, noble, seria, con 61 arcos y dos puertas grandes.


Cada mañana temprano abren las tiendas más populares de Córdoba. Plateros y anticuarios sacan las mercancías de sus locales umbríos. Hay también puestos de churros, tenderetes de retales y de ropa reciclada.



Había leído que la calle Claudio Marcelo es la más aristocrática y señorial de la ciudad. Está llena de edificios nobles, modernistas y neo-mudéjares. Vi que es una calle hermosa, recta, perfumada por el azahar en primavera y que desemboca en una plaza ancha y luminosa, muy urbana y cosmopolita: la plaza Tendillas.


Si prestas atención y el ruido del tráfico te lo permite, puedes escuchar el sonido de un reloj dando los cuartos de hora con carrillón y tocando luego una melodía flamenca.
A mediodía, allí, es norma tomar un chato de vino en la taberna de El Correo. No entré, no me gustó su aspecto, cuestión de gustos.


Buscando otro lugar me hizo un guiño una taberna coqueta, sencilla, pero atractiva, “El Picoteo del Gallo” ( un vino fino fresquito 1,50 euros, tapa buenísima, gratis, recomendable)

Muy cerca de Tendillas, al lado de la plaza San Miguel, nos esperaban ricos platos de la cocina cordobesa. En la taberna La Montillana recibimos avituallamiento y descanso después de tanta andadura.

Cazuela de chipirones a la parilla con bacon, pasas y cebolla dulce  (8 euros)
Huevos rotos con "papas", lomo de la orza y jamón ibérico (8 euros)

Esta ruta puede terminar en la Cuesta del Bailio junto a la plaza de los Capuchinos y el famoso Cristo de los Faroles. Esta cuesta está formada por 31 escalones de piedra, decorados con mosaicos (Actualmente está en obras todo su entorno y esta foto es de los cofrades de Córdoba, nosotros nos la perdimos)













diumenge, 8 de març del 2015

CÓRDOBA, UNA ESCAPADA DE DOS DÍAS


Desde la ventana de la habitación 318 del hotel donde me hospedaba tenía ante mí la vista más hermosa de la ciudad de Córdoba: el Puente Romano sobre el Guadalquivir. Es el mejor momento del día porque las luces del atardecer iluminan la Mezquita y la ciudad se muestra en todo su esplendor.


Volver a esta bella ciudad andaluza después de tantos años, ha sido una de mis ilusiones recientes y no podía perder ni un minuto de esos dos días que disponía para visitar lo más monumental de esta bella urbe.


¿Cómo definir Córdoba? Pienso que con un patio, un balcón, una reja, un geranio, un poquito de cal y un pedazo de cielo puede construirse una calle a la medida de un viajero. Así es Córdoba.

Y luego están sus monumentos ... todo un legado que nos dejaron las culturas que allí convivieron: romanos, judíos, musulmanes y cristianos.


Una escapada corta puede estructurarse fácilmente en dos rutas a pie, callejeando siguiendo un orden, visitando alguno de sus tesoros y descansando de vez en cuando tomando un pequeño avituallamiento a base de buenísimas tapas en cualquiera de las tabernas que encuentras a cada paso. ( De este modo descansa la cámara de Joseph y mis piernas artrósicas no muy acostumbradas a andaduras ) De ese modo no me arrepiento de haber callejeado tantas horas en dos días porque he descubierto una ciudad sabia, sagrada y sensual.


CÓRDOBA, DE LAS ORILLAS DEL RÍO A LA MEZQUITA Y EL BARRIO DE LA JUDERÍA   (Ruta 1 )

A Córdoba, siempre que se pueda, deberíamos entrar desde el sur, atravesando el Puente Romano. Son doscientos cincuenta metros, dieciséis arcos y muchas vistas coquetas para que los fotógrafos no den descanso a sus cámaras.


En la entrada la Torre de La Calahorra vigila el paso hacia la ciudad desde la orilla izquierda del río ( Alberga museo de las tres culturas, 3 euros, 1 hora y vista panorámica de la ciudad)


Cruzando el puente me sentí como un emperador romano llegando a sus dominios. Si miraba al frente, contemplaba la silueta de la Catedral-Mezquita, cúpulas y campanarios de iglesias lejanas y toda la ciudad a lo lejos.
Si lo hacía a derecha e izquierda del cauce del río, veía restos de antiguos molinos árabes y la Noria de la Albolafia, el único conservado.


En mitad del camino hay una hornacina dedicada a San Rafael, donde muchos cordobeses creyentes encienden velas en su honor. Al final la Puerta del Puente, renacentista, dando espacio a la calle Torrijos.



Los coches de caballos esperan ansiosos a los turistas. Nosotros a pie, que es lo nuestro. Estamos en uno de los laterales de la Mezquita, donde se abren cuatro puertas doradas y las ventanas tienen celosías de arabesco.
(Las visitas se suceden de 10 a 18 h, 8 euros la entrada)



Describir esta maravilla daría lugar a un relato demasiado exhaustivo; como resumen puedo confirmar lo que dijo el sabio Idrisi después de contemplarla: "Su belleza y elegancia desafían cualquier descripción"



Solamente un comentario: a mi me llamó la atención la luz que entra de forma diferente en cada rincón; los rayos de sol que mezclan los colores originales de la decoración con los tonos vibrantes de los cristales.


Saliendo por la puerta sur se encuentra muy cerca una de los rincones mágicos más fotografiados de la ciudad, una calle sin salida, estrecha, llena de macetas con flores y que acaba en una pequeña plaza donde se puede contemplar la torre de la Catedral: la Calleja de Las Flores.



Es en este punto de la ruta cuando te adentras en un laberinto de callejuelas blancas, irregulares, versátiles y caprichosas en sus ensanchamientos y estrecheces.


Entre los siglos X y XV Córdoba fue ejemplo de convivencia entre religiones, cristiana, musulmana y judía, que coexistían pacíficamente. Durante el gobierno Omeya, las actividades culturales y comerciales hicieron de Al Andalus el país más culto de Europa. Córdoba, su capital, atrajo el mecenazgo sobre poetas y filósofos, hombres de letras y de ciencias.



En otras ciudades que conozco la judería y la morería son un pequeño espacio residual, pero aquí es de tal identidad que sobre este barrio sigue pivotando el eje histórico-artístico de aquella antigua ciudad. En los nombres de algunas calles perviven los oficios de aquellas culturas.
Y justo en la calle de los Judíos está la sinagoga, la mejor de España, después de la de Todelo (Visita de 10 a 20.30 h, gratuita, lunes cerrada)


Mucha ilusión tenía puesta en la visita al Zoco Municipal, lugar donde los mejores artesanos cordobeses tienen sus tiendas y venden sus obras. No me gustó.
Luego, a derecha e izquierda, acá y allá, las tiendas de recuerdos turísticos y las tabernas menudas lo invaden todo.



Al llegar a la Puerta de Almodóvar, antes de salir de la Judería, decidimos que era el momento de comer. Si te dejas aconsejar por los lugareños, seguro que aciertas. Visitamos Casa Rubio y El rincón de Carmen probando sus tapas acompañadas por vino de la tierra, un montilla blanco fresquito.(Calidad-precio muy bueno)


De regreso hacia el punto de partida, paseando por la avenida Conde de Vallellano, contemplando lo que queda de antiguas murallas, llegamos al barrio San Basilio donde se pueden visitar algunos de los famosos patios cordobeses que en el mes de mayo entran en concurso de engalanamiento.

Están situados en tres calles peatonales, Postrera, Enmedio y San Basilio. A pesar de la hora y el cansancio acumulado decidí que teníamos que echarles una mirada ya que estábamos muy cerca. Se compra una entrada que lleva plano y dibujo para que busques la casa que alberga cada patio (6 euros, cerrado martes y domingo tarde; 6 patios)


Son espacios bellos, originarios de la cultura romana como fórmula popular para refrescar las casas. Los musulmanes los perfeccionaron construyendo la entrada a la vivienda desde la calle a través de un vestíbulo y dando protagonismo a una refrescante vegetación.


Los cordobeses del siglo XXI plasman esa alegría innata que tienen, en sus propios domicilios, creando verdaderas obras de arte en sus patios, que dejan a la vista de todos. Nos abren la puerta y se deshacen en todo tipo de explicaciones que denotan se sienten orgullosos de ese mosaico de colores en puertas, ventanas, pozos y tiestos de flores aromáticas.
Esta primera ruta terminó delante del Alcázar de los Reyes Cristianos. Es un lugar de los recomendados, pero no pudimos visitarlo, era demasiado tarde y estábamos muy cansados.


La habitación 318 del hotel Hesperia nos esperaba con sus vistas sobre Córdoba.